Revista El Topo n° 93
Ante el avance del gobierno de ultraderecha encabezado por José Antonio Kast las fuerzas populares y revolucionarias de Chile deben organizarse.
La historia no es el resultado de voluntades individuales ni de buenas intenciones. La historia de la humanidad es la historia de la lucha de clases. Y en cada etapa, la burguesía y sus partidos, han mostrado su capacidad de organizarse para dominar, mientras que el pueblo –cuando ha sido derrotado– lo ha sido por estar disperso, desunido y carente de una dirección firme.
Hoy, el sistema capitalista agudiza sus contradicciones: crisis económicas, superexplotación laboral, racismo estructural, violencia patriarcal, destrucción ambiental, imperialismo y colonialismo. Frente a esta ofensiva, no basta indignarse ni confiar en parches reformistas. Jugando a las elecciones y al eterno juego del balancín no saldremos de la opresión y la explotación. La única respuesta eficaz es organizarnos con una voluntad de poder.

Este gobierno de José Antonio Kast es la expresión política de los sectores más reaccionarios del empresariado y de la herencia pinochetista. Su política se basa en recortes brutales al gasto público, en el desmantelamiento de los pocos servicios sociales, en privatizar todo lo que aún quede por privatizar y en reprimir a quienes protestan. Su discurso de “orden” y “seguridad” encubre la criminalización de la protesta social, la persecución a dirigentes políticos y sociales y la militarización del país. La zanja en el norte y la amenaza de estados de excepción son el preludio de un modelo de excepción permanente.
Este gobierno declara abiertamente su desprecio hacia los migrantes, a las mujeres y a los pueblos originarios. Sus políticas migratorias son racistas; su discurso contra el aborto es una cruzada contra el derecho de las mujeres a decidir sobre su propio cuerpo; su política hacia el pueblo Mapuche profundiza la dominación colonial. La ultraderecha gobierna en contra del pueblo.
El análisis de la realidad nos muestra que el Estado capitalista es un comité para la gestión de los negocios comunes de la burguesía. No puede ser reformado desde dentro; debe ser destruido y reemplazado por un gobierno revolucionario del pueblo.
Ni el espontaneísmo ni el sindicalismo puro son suficientes. Debemos construir frentes de lucha unitarios con todos los sectores explotados y oprimidos, pero sin ceder ante el sindicalismo amarillo ni ante los burócratas que negocian migajas. Venceremos cuando el pueblo tome los medios de producción y derribe todo poder patronal.
Frente a la fragmentación y el miedo, debemos responder con organización territorial, movilización permanente y solidaridad activa.
La historia no la escriben los verdugos. La construyen los pueblos.
